Bullying: causas, consecuencias y prevención

one-against-all-1744093_1280

De entre todas las formas de violencia existentes, parece que el bullying se encuentra en auge entre los niños y adolescentes de nuestra sociedad.

En primer lugar, se debe establecer una  distinción entre agresividad y violencia. La primera sería el impulso que lleva a las conductas violentas, una especie de tendencia agresiva para la resolución de conflictos. La violencia en cambio es la materialización en hechos, y sería algo más que una forma agresiva de resolución de conflictos. Para que se ejerza violencia no es necesario que exista un conflicto previo, ni tiene que existir relación alguna, puede incluso tener un objetivo lúdico para quienes la practican. Por otra parte, suele darse una relación desequilibrada entre los implicados, y suele tener un componente de intencionalidad, de hacer daño gratuito a la víctima en ausencia de una regulación normativa de la interacción (como sí lo sería por ejemplo la patada en el reglamento de fútbol).

Ortega y Mora-Merchán definen la violencia como “el ejercicio agresivo físico, psicológico, social o verbal mediante el cual una persona o grupo de personas actúa, o estimula la actuación de otros, contra otra persona o grupo, valiéndose de ventajas sociales que le proporcionan su situación física, psicológica o social.” Para definir el bullying podría utilizarse la definición anterior y añadir al final de ésta: “…que se dan en el contexto escolar”. El bullying engloba una serie de conductas como son las burlas, amenazas, intimidaciones, agresiones físicas, aislamiento sistemático o insultos, originando problemas que suelen prolongarse en el tiempo debido a la pasividad o ignorancia de las personas que rodean a los implicados. Supone  además un abuso de poder al contar el agresor generalmente con el apoyo del grupo, y pone a la víctima en situación de indefensión e imposibilidad de huida.

Entre los factores elicitadores de esta forma de violencia, además de los factores biológicos que puedan generar ciertas tendencias, destacan tres áreas: factores personales, psicosociales y factores sociales. Entre los primeros, el perfil de los agresores suele definirlos como reactivos, de temperamento agresivo e impulsivo, menor sensibilidad, cociente intelectual más bajo, mayor asertividad y conformes con sus agresiones. La víctimas, se caracterizan por una tendencia a la huida y falta de asertividad, timidez, bajo auto concepto, inseguridad, sensibilidad y cautela.

Se debe tener en cuenta además, que en la interacción de agresor-víctima, el hecho de que ésta responda con temor y frustración, genera un aumento y mantenimiento de la violencia sobre su persona. De este último dato se deduce que el agresor busca sentir el sometimiento de la víctima, en una especie de acto de reafirmación de su poder y control sobre ella.

Sobre los aspectos psicosociales, al igual que los autores anteriormente mencionados, considero que en este contexto, las conductas violentas se repiten y mantienen cuando el sujeto siente de alguna forma recompensado, y cuando observa que los beneficios de realizarlas superan a los inconvenientes(balance costes/beneficios). El agresor puede realizar estas conductas debido a una necesidad de descarga de la tensión, agresividad e ira , por la satisfacción de sentirse superior a la víctima y mejorar así su autoconcepto , y por recibir la recompensa social de aceptación o admiración de su grupo de referencia o mantener su prestigio social.

Las factores sociales que pueden promover estas conductas son diversos e implican a la familia, principalmente los padres que enseñarán a sus hijos sus modelos de relación, su escala de valores, además de un estilo educativo que condicionará el desarrollo del menor. Por su parte, la escuela o el sistema educativo en general también puede generar frustración en el joven, que se traducirá en agresividad y en la búsqueda de su canalización. El grupo de iguales, que será el que más influencia tenga en el joven en su segunda década de vida juega un papel importante, ya que dependiendo con qué tipo de grupo se relacione el individuo, dirigirá su conducta en función de sus hábitos, valores y normas para buscar su reconocimiento y aceptación. De otro lado, los medios de comunicación ofrecen modelos de conductas agresivas, violentas o dañinas, como normales o incluso divertidas, que pueden ser imitadas en cierta medida por los jóvenes.

Por último, en relación con los factores sociales, cabe destacar la necesidad de una estructura social madura, capaz de dar una respuesta a modo de reacción conjunta a este tipo de situaciones, que pasa por tomar conciencia de la responsabilidad individual en lugar de sentirse un agente pasivo a expensas de una resolución unilateral por parte del Estado y las normas legales.

Finalmente, algunas de las sugerencias para la prevención de las conductas violentas pasan por la mayor preparación de los padres en el conocimiento y aplicación de un estilo educativo adecuado, que favorezca el apego seguro del niño, mejorar la preparación técnica y psicosocial del profesorado( y su imagen pública), disminuir la ratio  profesor/alumno, incrementar el papel del tutor, aumentar el número de orientadores en la escuela, establecer los medios para que las consecuencias de los actos violentos recaigan sobre los infractores y nunca sobre las víctimas(cambiar de colegio por ejemplo),  potenciar un código ético para los medios de comunicación que evite el problema anteriormente mencionado, incentivar la investigación en cuanto al bullying y sus causas, y por último, en cuanto al aspecto legal, adecuar el código penal para estas nuevas formas de conducta y dotar de mayor preparación a médicos forenses y psicólogos en general.

Considero que además de los factores personales que se suelen describir en la literatura, se debe avanzar un paso más, y analizar las causas subyacentes a éstos, es decir, no se trata únicamente de que se detecte que el agresor suele buscar reconocimiento del grupo o sentir cierto poder, sino que se debe profundizar en las causas que  llevan a un sujeto a tener estas necesidades de forma cuasi patológica. Es un hecho que de alguna manera el agresor ha aprendido a relacionarse de forma hostil y agresiva, ya sea por una socialización defectuosa o incluso por sufrir o haber sufrido él mismo algún tipo de abuso. Desde mi punto de vista, el establecimiento de relaciones de dominación y sumisión como forma habitual denota una serie de carencias afectivas y  de autoafirmación que le generan una necesidad constante de reconocimiento por parte de su grupo. Esta búsqueda de aprobación constante denota una baja autoestima y un autoconcepto vulnerable y fundamentado a base de estímulos externos. Así, aunque no se descarta que un acosador escolar pueda tener algún tipo de patología o trastorno, no significa que necesariamente padezca un trastorno disociativo o un trastorno antisocial, ya que a mi entender, estas personas no necesitarían el tan ansiado apoyo y reconocimiento del grupo. El acosador escolar trata de buscar aliados, asegurándose de que no vayan a reaccionar en su contra y “perder” el desafío, para que cuando cometa las humillaciones hacia la víctima pueda éste sentirse superior y que el grupo reconozca y admire sus supuestas aptitudes de liderazgo y poder, que no son más que el reflejo de la carencia real de ellos. En mi opinión, la característica de inseguridad que diversos autores suelen proponer para el perfil de la víctima, podría igualmente aplicarse al agresor, ya que ambos denotan inseguridad con la diferencia de que llevan a cabo diferentes estrategias de afrontamiento de ella.

 Para finalizar, se puede apuntar que es necesario centrarse en la prevención primaria y en la detección precoz de este tipo de sucesos, ya que lo que comienza siendo un simple episodio anecdótico desagradable, puede derivar en serias consecuencias si se mantiene por un tiempo prolongado. En las víctimas, dependiendo de la intensidad o la duración por la que hayan sufrido el maltrato, así como las estrategias y umbral de resistencia mental que éstas presenten, podrán o no quedar secuelas psíquicas. Estas podrían suponer desde problemas en futuras interacciones hasta trastornos psiquiátricos como ansiedad o incluso depresión.  Si los episodios fueran de extrema gravedad, podría incluso aparecer estrés postraumático en la víctima, y como se ha podido ver en los medios de comunicación, algunos casos han terminado en suicidio.

En los agresores los patrones relacionales de acoso y dominación se pueden cronificar, abriendo la posibilidad de convertirse en futuros acosadores en mobbing laboral o incluso maltratadores domésticos o de violencia de género.

En la página web de la Asociación Española para la prevención del Acoso Escolar se puede ver el protocolo establecido en casos de detección de bullying, así como una serie de orientaciones para guiar la conducta y actitud de los educadores que se resume en extremar la atención ante posibles casos, y una política de tolerancia cero en relación a cualquier conducta violenta.

J.Rubio

Referencias bibliográficas:

http://www.acoso-escolar.es/acoso-escolar/protocolo-de-actuacion/

http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-76062007000200005